Tenemos tendencia en quedarnos sentados, observando el Mundo que nos rodea. Llevamos toda una vida aprendiendo a hacerlo. Los jóvenes, inquietos e impacientes, no hacen más que interrumpir el silencio. Es una verdadera pena, el silencio es santo. Parece que sólo los viejos son capaces de sentarse lado a lado sin decir nada, y sentirse igual de bien. ¿Será de la edad? Sólo sé que el silencio une las personas con fuertes enlaces y capaces de sentirse cómodas las unas con las otras, personas que pueden estar sentadas las unas con las otras, personas capaces de levantarse, e irse con la sensación de acabar de tener la mejor conversación del Mundo, aunque carezca la presencia de una única palabra...
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